
La taza de café había quedado a medio terminar, el pastel a medio comer y el cenicero casi lleno.
Era tarde, el reloj marcaba las cinco y hace cuatro horas habíamos entrado a la cafetería esquinera. Elena Amané y yo conocimos hace seis años.
Sus rasgos asiáticos, su pelo largo, negro y lizo contrastaban con su piel hermosa que parecía de porcelana, sus ojos verdes, aumentaba la intensidad de su mirada enigmática en busca de una respuesta a la pregunta que le acababa de hacer.
- No, definitivamente esperé dos años para regresar de nuevo. Estar aquí me trae muchos conflictos con mis padres. De lejos me llevo mejor.
Sonreí, como siempre ella tan libre.
- Te entiendo, me alegro de habernos encontrado en estas vacaciones. No nos habíamos visto que será ¿dos años Eli?
- Exactamente, en una semana serían dos años sino me falta el cálculo.
Nos reímos, a Eli nunca se le escapa una fecha y yo que me olvido todas.
- Sari, te queda precioso tu corte de pelo, tan chiquito. ¿Te lo volviste a cambiar de color? ahora es morado. Está divino. Te queda espectacular con tu piel morena. Desde que te conozco lo único que no ha cambiado en tí es el piercing en tu nariz.
Entre risas inconcientemente prendí un cigarrillo más, el cenicero ya se desbordaba de tanta ceniza y colillas.
- Y ahora Eli que ya terminaste tu carrera… de Antropología ¿verdad?
- Sí, ahora ya soy toda una antropóloga, pero claro, me falta terminar el Minor en música, así que sigo siendo una universitaria. Ya sabes no me gusta pensar en el futuro. Solo vivo el día a día. Y tú Sari, ¿ya terminaste la universidad?
- Estoy estudiando arte y psicología. Voy a terminar las dos carreras al mismo tiempo, me faltan dos semestres y egreso.
Mierda, sonó mi celular pero no lo voy a contestar. Llamada rechazada.
- ¿Nuevo novio Sari?
- No, novio no, ya me cansé de ellos. Es un amigo con derechos. Nos besamos y pasamos bien.
- Tú jamás has tomado una relación enserio.
- Sí es verdad, pero ya me cansé de esto. Este café frío es más caliente que nuestra relación. He decidido cortar con él.
- ¿Y cuándo le vas a decir?
- Mañana, mucho drama.
Mientras le pido al mesero que traiga un cenicero vacío me como un pedazo de pastel por instinto.
- Muy gentil señor.
- Eli, mejor cuéntame tu relación con el brasilero.
- Supongo que la distancia nos permite ser infieles. Pero claro, debería confiar en él si quiero que él confíe en mí.
- No te veo nada segura.
- Esa es la naturaleza del ser humano, no puedes confiar si no está a tu lado físicamente.
- Qué bien, ya era hora de empezar con nuestra filosofía, Eli.
Me prendo otro cigarro, tomo un sorbo de café frío, me arrepiento. Aparte de frío sabe a rancio.
- El problema está cuando sueñas en el ideal de lo que el amor debería ser, y lo pones en alguien que te gusta y confundes del amor en pasión.
- Claro, ahí es cuando una se enamora de un ideal y no de la persona en realidad. Esto es exactamente lo que le está pasando a mi amigo con derecho. Me idealizó como amor y solo es pasión.
- El amor es una extensión de la amistad. Con mi brasilero empezamos de amigos y nos enamoramos incondicionalmente. Espero.
Me encanta compartir mis pensamientos y sentimientos con Eli, auque siempre quedamos con más preguntas que respuestas. Pedimos ahora otra taza de café, pero esta vez no lo dejaremos enfiar. Nos reímos tanto con el sorbo horrible de café frío, que me tomé hace un rato. Cosas que pasan.
- Somos demasiado realistas y nos contradecimos con demasiando esperanza al mismo tiempo. ¿No crees, Eli?
- Vivimos en la realidad, por eso yo pienso en el presente. Pero claro, sino tenemos esa esperanza, simplemente moríamos.
- Creo que el sentimiento del amor es universal, no importa el sexo, ni la reza, ni el color de la piel ¿verdad?
- El mundo juzga al amor en base a la necesidad de reproducirse. Cuando el amor es una necesidad del alma y de la mente.
- Extraño mucho estar contigo Eli. Me da tanta pena que nuestra relación tuvo que terminar por la distancia.
- Qué iras que Italia y Japón no estén cerca. Pero igual Ecuador siempre será nuestro punto de reencuentro, así sea cada dos años o cada diez. Lo rico es vernos y charlar y recordar la pasión que algún día existió.
Nos dimos cuenta que el reloj marca las siete de la noche. Mierda, llegaré tarde al concierto, me levanto para despedirme. Eli se levanta para darme un fuerte abrazo.
Pagamos la cuenta, recogemos nuestras cosas y salimos con nostalgia. Afuera hace frío y cada una toma una vez más su camino. Sé que la veré, en un futuro no muy lejano. Quién sabe tal vez vaya a visitarla a Japón. Tal vez nos cruzaremos un par de emales y planearemos el reencuentro aunque sea solo para seguirnos deseando.
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