miércoles, 9 de diciembre de 2009

LIBERTAD



Su corazón latía tan fuerte que casi podía escuchar la sangre bombeando sus venas. Había llegado la hora.
Bajo la luz de la luna se podía divisar la silueta de una joven deslizándose entre las tumbas del cementerio, tan familiares para ella. Al exponerse más al a luz, sobresalían unos ojos azules que desafiaban a la luna; una piel de porcelana pura, unos labios delgados y un pelo ondulado castaño oscuro que llegaba a su cintura. Una figura de muñeca con un corsé envuelto en un vestido de la época.
Encontró lo que buscaba, una banca tallada en piedra, a la que recurría cada vez que necesitaba ordenar sus pensamientos.
Nació en una de las familias más poderosas entre los inmortales: El clan de los Navarai.Criaturas que se reproducen como los mortales, pero su inmortalidad los delata... Una de las cuantas ramas de lo que se denominó en la evolición la teoria del eslabón perdido.
Los recuerdos de su niñez empezaron a rondar por su mente. El primero fue el inicio del Imperio Romano, en eso entonces ella tendría unos ocho años. A tan corta edad la experiencia de su inmortalidad le habían ensañado a vivir bajo diferentes nombres, a viajar por lugares sin rumbo alguno. Acompañada siempre por su madre, quien enmascaraba todas las mentiras con una sonrisa bondadosa.
Sí, esa madre a la que le abandonó ya hace tanto tiempo.
De repente apareció el recuerdo de un rostro sonriente lleno de vida. Eras Cyra, su amiga que conoció en Atenas cuando era una niña. Su única amiga, y con quien compartió buena parte de su adolescencia. Recuerda cuando a escondidas de sus madres, esperaban que el apuesto actor de comedia entrara a escena a protagoniza a uno de los grandes héroes de la mitología Romana. Con Cyra había compartido la ilusión del primer amor y el dolor de un corazón roto.
La amistad fue interrumpida. Había llegado la hora de marcharse otra vez a un distinto país, a una distinta ciudad… Cincuenta años más tarde se volverían a encontrar. Cyra se negó a reconocerla, cómo podía ser que su amiga de la infancia se conserve tan joven, tan bella, igual que una muchacha de veinticinco años. Cyra sintió tracción, su amiga no le develó el secreto.
Su apariencia nunca cambió, pasaron dos siglos y dos más vinieron. La joven no envejecía, todos los intentos que hacía por tener una relación con los mortales se desvanecía por su inmortalidad. Era demasiado tarde, debió hacer caso a las palabras de su madre. – “No te les acerques demasiado o sufrirás la pena de su partida, nosotros seremos siempre los que quedamos atrás”- Poco a poco la joven fue alejándose de aquella realidad no comprendida.
Fue testigo de las conquistas de los bárbaros, expansiones de tierras y culturas, estuvo presente cuando la plaga acabó con el cincuenta por ciento de la población, de como fueron acusadas y ejecutadas muchas personas inocentes bajo la inquisición.
Jamás comprendió la violencia innata del ser humano, la necesidad de una guerra o la opresión hacia el culto pagano.
Entonces apareció un nuevo cambio, el Renacimiento y con él llegaron Las Cruzadas, la integración de las Américas al Mapamundi y un sinfín de descubrimientos.
La joven alzo la mirada hacia la luna que desaparecía entre unas nubes grises. Había sido un viaje muy largo y ya estaba cansada.
Nada había cambiado, seguía tan bella y tan joven como hace siglos atrás. Si hubiera podido elegir entre su inmortalidad o la simplemente la mortalidad, sin duda huebra escogido la segunda. Vivir solo una vida. Envidaba la naturalidad con la que envejecían los mortales y como aceptaban el destino, ese destino que podría cambiar el rumbo de sus vidas y ellos capaces de adaptarse a su nuevo presente. Amaba la intensidad con que vivían sus metas, sus ambiciones, sus ideologías, sus aspiraciones…
Le ganaron los nervios. Apretó fuerte la banca, a pesar de que era de piedra, eso le dio un poco más de seguridad. Ya llegaba la hora, el cielo se estaba aclarando, la luna desaparecía y el amanecer traía los rayos de sol que no tomarían mucho tiempo en desintegrar su cuerpo
Por fin seria libre…

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