martes, 13 de octubre de 2009

La Gitana Dormida


Henry Rousseau (La gitana dormida)






La joven gitana bajó de la carrosa, asegurándose de que todos se encuentren dormidos. A pesar de haber viajado por muchos lugares y conocido mucha gente,fue el león de aquel circo quien cautivó su curiosidad.
Los gitanos habían acampado junto al circo para ir a una de las funciones antes de embarcarse a otro viaje sin rumbo. Samara había conocido muchos circos antes, pero era algo de este pobre león enjaulado lo que ganó su corazón.
Sin hacer ruido e ignorando el letrero que decía “cuidado con los animales salvajes”, la joven se aventuró hasta llegar a la jaula del león. Toda la mañana lo había observado caminar de un lado al otro de su jaula y recostarse siempre con una mirada perdida en el horizonte.
Al acercarse a la jaula, el león que aparentaba estar dormido, se levantó de un brinco y clavó su mirada penetrante en Samara, quien dió un paso hacia atrás del susto. El león, al darse cuenta de que sólo se trataba de una niña, bajó su guardia y lentamente fue acercándose a las rejas mostrando curiosidad por Samara.


La joven, pasado el susto, sacó del bolsillo del delantal que llevaba puesto, un pedazo de jamón que había guardado desde la cena para dárselo al león. Extendió su mano por entre las rejas y arrojó el jamón lo más lejos que pudo para que el león lo cogiera.
El león lo empezó a oler y no pensó mucho antes de tragárselo entero.
“Gracias” Samara estaba segura de haberle escuchado decir al león, pero eso era imposible, los animales no hablan, razonó ella.
“De veras, muchas gracias, eres muy gentil pequeña”, volvió a escuchar Samara y no pudo evitar regresar a ver al león. “Por tu rostro puedo ver que sí me entiendes pequeña, no te asustes” dijo el león. Samara había quedado paralizada del asombro y confusión.
- ¿Me entiendes, verdad? pregunto el león.
Samara asintió, no podía hablar o moverse.
- Tienes un talento único pequeña, hablar con los animales. ¿Es la primera vez que lo intentas?
Samara asintió de nuevo. Pero para esto se había calmado un poco y pudo preguntar – ¿señor león, cómo sabía que yo podía hablar con usted?
- No lo sé, sólo tuve ese presentimiento.
- Señor león... ¿por qué siempre mira el horizonte?
- Pequeña, todavía sigo siendo joven y tengo la esperanza de algún día ser libre, nací en el circo y nunca he sabido lo que es la libertad.
Samara sintió lástima por el león. Extendiendo su brazo por las rejas, acarició la gran melena, pasando también por las orejas, el entre cejo, los bigotes y la nariz. Miró al león a los ojos y sonrió.
- Señor león, lo voy a sacar de aquí, dijo ella y antes de que el león pudiera responder, Samara había regresado a la carroza y buscaba entre sus cosas algún alambre que sirviera para forzar el candado de la jaula.
- ¿Cuál es la prisa, pequeña Samara? Escuchó decir entre las sombras; al mirar con atención, encontró Samara a su abuela, quien la miraba con picardía.
- Abuela, lo siento, ¿te desperté? Preguntó la joven.
- Para nada pequeña, pero veo que estás ocupada. ¿De veras liberarás a ese león, mi pequeña estrella?.
- Siento que es lo correcto.
- Me parece muy bien, en ese caso, aquí tienes- la abuela entregó a Samara un pedazo de alambre que había sido segundos antes parte de la decoración de su báculo.
- Pero…abuela...tu báculo…
- Pequeña, ese león lo necesita más que yo.
- Cómo sabías que…
- El hablar con los animales ha sido pate de nuestra familia y tú, que has llegado a la adolescencia, sólo era cuestión de tiempo para que ejerzas el don.
- Gracias abuela. Samara se abalanzó para abrazar a su abuela.
- De nada pequeña, de nada.
Samara estaba a punto de bajarse del carruaje cuando su abuela la llamó de vuelta.
- Una última cosa estrellita mía, dijo acariciando el rostro de la joven.
- ¿Sí, abuela?
Todos nosotros, incluyendo a tu madre y a mi, ya hemos vivido nuestra aventura y creado nuestra propia historia. Es tiempo de que busques tu propia aventura, ¿si sabes a lo que me refiero?
La idea había pasado sólo un segundo por la cabeza de Samara: viajar con el león sería la mejor aventura de su vida.
Samara asintió y dando a su abuela un beso en la frente se despidió - Cuide bien de mi madre -dijo,- adiós- y llevándose su objeto más preciado,una guitarra pequeña en un saco y un poco de comida, se bajó de la carrosa.
No regresó a ver, volvió a donde el león y con el alambre forzó el candado, liberándolo de su encierro. Montó sobre él y los dos se adentraron en la noche.
Samara cerró sus ojos, sintiendo la brisa de la noche mientras el león corría, sólo los abrió al sentir que el león se había detenido. Se encontraban en un pequeño desierto con una laguna en el medio. Se bajó del león y sentándose al lado de esté, se quedó hipnotizada observando la luna. Silencio.
-gracias por no sólo liberarme si no por huir conmigo, dijo el león rompiendo el silencio después de un rato.
- De qué señor león, respondió Samara y añadió- Quiero que mi historia comience con nosotros teniendo muchas aventuras juntos dijo, apoyándose en el león.
Comieron y Samara tocó la guitarra y cantó para el león.
Había sido un viaje largo y el cansancio y sueño se apoderaron de los párpados de la joven, quien acomodó su delantal como almohadón y ni bien se acostó se quedó dormida con una sonrisa en su rostro. Esto sería el comienzo de una gran amistad y aventura que forjaría la vida de esta joven gitana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario