Usando solo estas palabras, crea una historia.
Monja, programa de TV, domingo, cuaderno.

Debería sentirme culpable, después de todo acababa de robar algo sagrado
La lluvia de la noche anterior había destruido las dos pequeñas cajas de cartón a las cuales yo había llamado “casa”.
Hoy domingo amanecí en las puertas de la iglesia de San Francisco, sin haber dormido casi nada, con mi fiel compañera Pupi, una perrita runa que se encontraba en mis brazos, tratando de mantener el calor juntando los cuerpos.
El hambre carcomía mi estomago, así que tome la decisión de buscar un pedazo de pan o siquiera un cigarrillo para así yo poder pasar el día.
Al salir de una de las primeras tiendas que se abrían, sin ningún resultado, me cruce en la puerta con una monja que cargaba la Biblia y un cuaderno lleno de estampas de santos.
Tal vez y solo tal vez, si lograba obtener una de aquellas estampas mi suerte cambiaria.
Espere que la monja saliera mientras observaba al tendero prender una televisión, la cual se apreciaba atravez de la vitrina. Mostraba a uno de aquellos programas religiosos de motivación que hablan por horas y nadie entiende el mensaje que han tratado de transmitir.
Aparentemente la monja comprendía tales trabalenguas ya que permaneció muy atenta a cada palabra del comentarista.
Aproveche la oportunidad y jale una de las estampas, causando que varias de ellas se esparcieran por el suelo. La monja se percato de lo sucedido, pero para eso yo ya había doblado la esquina con Pupi a mi lado. Sabía que la pobre monja, hasta recoger las estampas, llegaría tarde a la misa de siete que estaba por comenzar, espero que rece por mí, para que no me vaya al infierno.
No me siento culpable, solo tengo miedo, pero tal vez, solo tal vez esta estampa cambie mí suerte.
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