
El observar al caramelo, recuerda a una canica pequeña, totalmente roja. Al colocarlo en la mano y manipularlo con las yemas de los dedos, se encuentran pequeñas ranuras verticales, a pesar que visiblemente son casi imperceptibles. Al colocar dentro de la boca esta pequeña canica, un sabor muy dulce se percibe en la punta de la lengua y va cambiando conforme llega a las papilas gustativas que reciben del sabor del caramelo distintas sencaciones agradables, mientras la saliva se confunde con la dulce sustancia. Inconscientemente uno empieza a chupar el caramelo para exprimir el delicioso sabor y así, éste se va achicando hasta desaparecer totalmente en la boca.
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